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CAPITULO XIX DE NUESTRO LIBRO RETRATO DE ESTUDIANTES
Maternidad adolescente. Un desafío para todos.

Lic. Verónica Svoboda.

En los últimos años en América Latina se ha observado un aumento del embarazo en la población adolescente. Esta realidad nos plantea una temática compleja y multicausal que no concluye con el nacimiento del niño, sino que de la misma surgen una serie de interrogantes, tales como: ¿Qué posibilidades de elección tiene una madre adolescente? ¿Quién la orienta y acompaña en ese proceso decisivo? ¿Se la prepara a la joven para el ejercicio de su maternidad? ¿Cómo se aborda la reconstrucción de un proyecto de vida en pleno desarrollo? Como miembros de la sociedad, ¿cómo intervenimos y nos comprometemos con esta realidad? ¿Qué valores sustentamos en nuestras acciones?
Los interrogantes, no se agotan en este artículo. Es mi intención abrir espacios no sólo para la reflexión sino para la concientización de la necesidad de intervenciones concretas desde el rol social y profesional que cada uno desempeña (padres, docentes, profesionales), tendientes a establecer de manera saludable el encuentro entre esa madre y su hijo, apostando a la vida.
Así, desde la psicopedagogía, parto de la consideración del aprendizaje como una relación, entre el sujeto y el medio, de apropiación de la realidad modificadora y enriquecedora de ambos. Entonces, planteo una mirada y un abordaje de la maternidad adolescente que apunta a rescatar potencialidades para desarrollar una vinculación positiva entre madre e hijo que pueda transformar algo de la angustia, en placer.

Algunos datos estadísticos

No podemos dejar de mencionar que el embarazo adolescente definido como la preñez de las mujeres entre los 12 y 20 años, ha aumentado en los últimos años. Esta realidad manifiesta que la adolescente es capaz de procrear mucho antes de alcanzar la madurez emocional.
Desde esta primera aproximación la situación de embarazo es considerada no deseable, más aún cuando presenta mayores probabilidades de riesgos, tanto para la madre como para el bebé, con un alto índice de mortalidad.
En segunda instancia se afirma como una realidad no deseada dado que en algunas oportunidades suele ser producto de la violencia en sus diversas manifestaciones (abuso sexual, violación, incesto).
Estadísticamente se observa en la población adolescente:

  • Relaciones sexuales tempranas. El 70% tuvo relaciones sexuales antes de los 17 años, con una mayoría de inicio sexual entre los 13 y los 16. *1
  • La no utilización de preservativos 69,72 %, aún cuando se ha recibido información acerca de su uso. *2
    Los datos mencionados señalarían el aumento de posibilidades de embarazo en las jóvenes, sobre todo en los comienzos de la etapa adolescente.
    Sumado a estos datos encontramos también como señales propias de esta realidad:
  • La desintegración familiar. Ausencia de diálogo y sostén familiar.
  • Repeticiones de las experiencias maternas a este respecto. Hijas de madres adolescentes.
  • Una temprana inserción laboral (por necesidad de sostén económico).
  • Abandono de la escolaridad (el 85 % de madres adolescentes poseen estudios secundarios incompletos). *3

Algunas aproximaciones teóricas en relación al niño, su madre y la vinculación entre ambos.

El poder hacerse cargo de la crianza y el desarrollo armónico de un hijo requiere cierta estabilidad para establecer un vínculo de apego. El psicoanalista John Bowly se refiere al apego como la “conducta de proximidad con otro individuo claramente identificado al que se considera mejor capacitado para enfrentarse al mundo” *4.
Esta conducta marca el deseo natural de una relación íntima y confiada. Si el vínculo de apego es accesible al niño y funciona bien le dará sentimientos de seguridad y alegría, por el contrario si la relación de apego resulta amenazada produce ansiedad y enojo. Cuando la figura de apego se pierde produce dolor y depresión. El tipo de vínculo que se establezca favorecerá u obstaculizará el desarrollo integral y saludable tanto del niño como de su madre, que siendo adolescente se encuentra también en procesos de desarrollo. Ante esto es sumamente importante el sostén, acompañamiento y orientación que en este proceso de aprendizaje y adaptación, recibe la joven de su familia, amigos y de las instituciones sociales ( escuela, hospitales, centros de salud, etc.).
Las investigaciones sobre la vida intrauterina alertan acerca de la posibilidad del bebé de escuchar y percibir sensaciones que lo conectan con su mamá. Ella también va poco a poco, luego de la aceptación de su estado, ensimismándose y conectándose con sus emociones en relación a la vida que lleva.
El bebé es inicialmente un ser dependiente e indefenso, es imprescindible la presencia y acción de un otro disponible para descifrar sus necesidades otorgándole las respuestas adecuadas. El hacerse cargo de la crianza de un hijo, requiere cierta madurez para responder a los requerimientos y las demandas del bebé, las cuales suelen generar angustia en el adolescente. De aquí la importancia de los cuidados y del acompañamiento afectivo de la madre durante el embarazo y más aún en el nacimiento y el primer año de vida.
Cada uno de nosotros va desarrollando desde su nacimiento, al decir de Ana Quiroga, una forma de vincularse con el medio y los objetos, “una matriz de aprendizaje”, la “modalidad con que el sujeto organiza y significa sus experiencias” *5. Esta forma de aprender, al ser vincular e interaccional se desarrolla a partir del nacimiento con el contacto materno.
La madre es el primer objeto con el que el bebé se relaciona y a través del cual conoce e interactúa con el medio. La mirada, los gestos las acciones de la mamá traslucen el mundo que rodea al niño. Este al nacer vivencia una experiencia devastadora, debe realizar el pasaje del mundo intrauterino (conocido cálido, líquido) a un medio totalmente diferente. La única referencia contínua es su madre y las vivencias intrauterinas, los sonidos de su corazón y el de su madre, el tono y la sonoridad de sus palabras, el contacto corporal que le devuelven la seguridad y el confort. Poco a poco el caos se ordena gracias a la apoyatura y sostén de su madre. En pos de favorecer el vínculo entre madre e hijo y facilitar el conocimiento de las posibilidades del niño recordamos que un bebé recién nacido da muestras de poseer capacidad de reaccionar a diferentes estímulos y comunicarse a través de los sentidos.
Desde el nacimiento posee capacidad de respuestas visuales que irá enriqueciendo. Puede fijar su mirada en un objeto ubicado entre 20 y 30 centímetros de su vista y seguir su desplazamiento, observar atentamente fijando la mirada en el rostro humano y especialmente los ojos por su brillo y movimiento.
Las respuestas auditivas también son específicas. Ante un estímulo interesante el bebé pasa del estado de sueño al de alerta, abre sus ojos y busca el orígen del sonido. Se han observado preferencias por los sonidos agudos reconociendo como familiar la voz de la mamá. Los sonidos que produce el bebé, especialmente el llanto, es su primer lenguaje a través de cual intenta expresar sus estados.
El bebé tiene diferentes formas de estar en el mundo según lo describe el Dr. Jorge Martínez *6. En un comienzo pasa muchas horas durmiendo, pero en los períodos en que está alerta, si bien no son de larga duración está atento con todos los sentidos, su percepción es máxima, su piel lo conectará con su medio y será el momento en el que los canales de comunicación se pongan en juego.
En los bebés se advierten seis estados de conciencia, tres formas de estar despierto y tres formas de dormir. Describiré aquellas formas de estar despierto caracterizando las posibilidades de vinculación y comunicación con el bebé:

  • Alerta reposado y atento: Especial actitud de investigación de su entorno, por lo cual pone especial atención a todo lo que lo circunda. En este momento observamos al bebé con los ojos abiertos, relajado (casi inmóvil), atento y curioso. Busca comunicarse con el mundo que lo rodea.
  • Alerta y activo: Sus ojos están abiertos, pero su actitud es dispersa y mueve los miembros con gran vitalidad. En este estado es difícil entrar en comunicación con él. Notamos, en las observaciones, que el bebé puede pasar de un estado a otro según los estímulos ofrecidos.
  • Alerta llorando: Imposible establecer comunicación con él. Cuando un bebé llora es porque algo ocurre, la mamá es quien podrá descifrar los requerimientos del niño a partir de la observación de su conducta.

El llanto es una forma de comunicación y expresión, puede referirse a diferentes situaciones tal como lo ha descripto Winnicott *7:

  • A la satisfacción o el placer (como el juego vocálico y la producción de sonidos): Excitación que ofrece el movimiento de los pulmones, se da en forma cíclica en algún momento del día sin relación con ningún evento especial.
  • Al dolor : Llanto agudo y penetrante. Se inicia bruscamente y es una solicitud de ayuda. El bebé muestra una clara excitación.
  • Al hambre: Comienza con un quejido que va en aumento si no es satisfecha su necesidad de alimentación.
  • A la frustración y el enojo: Llanto intenso que parece dominarlo.
  • A la tristeza y aflicción: Es una búsqueda de contención y afecto. El tacto y contacto con el cuerpo de la madre lo tranquiliza.

    En cualquiera de estos momentos, en primera instancia se propone hablarle suavemente y acercarse a él, tomarlo con seguridad, abrazarlo, mecerlo buscando el encuentro de miradas. Estas son algunas acciones que reproducen aspectos placenteros de la vida intrauterina, recuerdos positivos que lo ayudarán a calmarse, hasta descifrar su significado.
    Hasta aquí me he centrado en el bebé, en sus posibilidades y necesidades de vinculación afectiva con su madre, pero también quisiera poner la mirada en esa madre, una adolescente, que se enfrenta al desafío que le propone la maternidad en una momento vital de su vida personal.
    Ella transita una etapa evolutiva que supone una crisis de desarrollo (universal y previsible). Adolescente es aquel que se va haciendo adulto, un proceso hacia la asunción del rol adulto y la construcción de su proyecto de vida. Es una etapa sumamente variable y con desequilibrios, ya que conlleva cambios en todos los aspectos de la persona (transformación del cuerpo, de la mentalidad y de las relaciones con los pares y adultos).
    Griffa y Moreno la caracterizan como un “período decisivo del ciclo vital en el que se alcanza la autonomía psicológica y se inserta en el mundo social” *8.

    Además del temor a lo nuevo, el adolescente debe elaborar la pérdida del mundo infantil, lo cual implica:

  • La transformación de su cuerpo en forma inevitable, debido a los cambios hormonales, alcanzando lo que hoy es valorado socialmente como el cuerpo ideal.
  • La experimentación de nuevos roles y configuración de su identidad personal y sexual.
  • El establecimiento de nuevas modalidades de vinculación con pares y adultos, entre ellos los padres.

    La situación de embarazo también se vive como una crisis con cambios en la imagen corporal, las emociones y vinculaciones consigo mismo y con los otros, se vive momento de introspección hacia la asunción del nuevo rol de ser madre. Pero aquí ambas situaciones se entrecruzan constituyéndose en una situación crítica. La joven se enfrenta a asumir un rol para el que no esta preparada. “Toda crisis tiene por lo menos tres posibilidades:

  • Que se resuelva adecuadamente la tensión y el desequilibrio que la ocasionó y se establezca un nuevo y enriquecido equilibrio.
  • Que en los intentos de resolver la angustia se implementen soluciones impulsivas e irracionales reestableciéndose un equilibrio empobrecido en relación al que se tenía antes de la crisis.
  • Que nada se resuelva y que el caos se transforme en una forma de vida” . *9

Es un objetivo de este artículo que, como agentes de intervención (docentes, padres, profesionales) nuestro accionar tienda favorecer el desarrollo de la crisis como una posibilidad de cambio y aprendizaje, doloroso y angustiante pero enriquecedor, apuntando a maximizar la capacidad para una adaptación flexible y plástica a las tensiones y presiones internas y externas sin que el sujeto se vea amenazado o destruído por ellas.

Algunas líneas de acción

Las siguientes orientaciones se plantean no como soluciones sino como aportes y estrategias posibles para favorecer el establecimiento de un vínculo saludable entre la madre adolescente y su hijo, transitando la crisis hacia una resolución enriquecedora tanto para la díada como para el contexto que la alberga.
El éxito de ello, no es sólo responsabilidad de la madre sino también de las redes que se tejen a su alrededor para acompañarla y sostenerla.
Durante la gestación, nuestras intervenciones tendrán como objetivo ayudar al adolescente a aceptar su embarazo mostrando una actitud responsable hacia su vida y la de su hijo. Algunas orientaciones posibles se refieren a:

  • Controles médicos periódicos. Realización de las prácticas e indicaciones dadas por el profesional.
  • Buena alimentación y descanso.
  • Abandono de hábitos nocivos (alcohol, cigarrillo, drogas).
  • Asistencia y acompañamiento de y para la familia de origen, ya que esta situación se vuelve crítica para todo el contexto familiar mostrando diferentes formas de reacción y acción no siempre favorecedoras.
  • Información acerca del crecimiento y características del bebé, como así también del abordaje de los cuidados que requiere.
  • Acompañamiento terapéutico en forma individual o grupal.
  • Realización de actividades corporales de sensopercepción que favorezcan la relajación y respiración, como la conexión con su cuerpo y su hijo.
  • Disponer un espacio para el bebé, involucrando a la mamá en su preparación.
  • Desde los adultos que la rodean fuera del ambiente familiar, mostrar interés por su embarazo y sus necesidades.
  • Información y reflexión sobre sus derechos y los de su hijo (identidad, salud, escolaridad y/o trabajo, etc.).

    Luego del nacimiento apuntaremos con nuestras intervenciones a fortalecer los vínculos madre-hijo y su relación con los familiares. Promover los cuidados del recién nacido y afianzar el rol materno.

Algunas orientaciones posibles se refieren al:

  • Establecimiento de algunos espacios de encuentro y contacto físico a través de las rutinas (de alimentación, cambiado y sueño), estimulando el contacto a través de la mirada, el toque piel a piel, los masajes y el canto.
  • Evacuación de dudas en relación al niño, y sus necesidades.
  • Participación en grupos de encuentros con otras madres.
  • Participación en grupos de juego madre-bebé.
  • Acompañamiento profesional de la díada en situaciones cotidianas.
  • Presencia de la familia como portadora de un “saber hacer” en la crianza de los hijos.
  • Diálogo y reflexión sobre sus emociones.
  • Orientación en la reorganización de su proyecto de vida.

A lo largo de lo expuesto en el artículo he intentado, desde el encuadre teórico y desde las estrategias de acción, una aproximación a cerca de la importancia de los vínculos en el desarrollo y bienestar bio-psico-socio-espiritual de todo ser humano y la posibilidad de aprender a vincularse con el medio y las personas que nos rodean de una forma saludable.
Quisiera concluir resaltando nuestra responsabilidad ante una realidad social de la cual formamos parte desde el rol que cada uno desempeña en la sociedad . Muchas serán las posibilidades de acción e intervención desde diferentes ámbitos, pero en cada uno y en todos ellos, el desafío es favorecer ante todo el despliegue de las potencialidades que toda persona posee, más allá de su edad, condición social, formación, o experiencias vitales.
Que la vida sea opción y que esta opción por la vida sea un compromiso hacia su pleno desarrollo.

ANEXO
Algunas actividades para madres e hijos

De 1 a 3 meses En estos momentos su cuerpo y el de su madre son objetos de juego y conocimiento, por lo cual la vinculación se centra en el contacto corporal mutuo. Los masajes son una buena oportunidad para comunicarse. Puede aprovecharse el cambiado o el baño, para colocar la palma bien abierta sobre el cuerpo y extremidades del bebé y ejercer movimientos suaves, circulares y envolventes. Ante cualquier propuesta de encuentro a través del juego, es necesario buscar un lugar adecuado, cómodo para la mamá, tranquilo y alegre, y asegurarse que el bebé, esté en un estado alerta reposado. Se aconsejará tomarlo en brazos, acunarlo mirándolo a los ojos. Ubicarlo en diferentes posiciones cuando está despierto. Apoyarlo sobre el regazo de la madre frente a su rostro. Proponerle que le hable o cante ubicándose en su campo visual. Acercar su rostro al cuerpo del bebé, sostenerlo en brazos en forma envolvente. La alimentación será la actividad diaria en la que se entrecruce la satisfacción de una necesidad biológica con la necesidad afectiva de encuentro interpersonal. Es necesario encontrar un lugar íntimo y sereno para conectarse con las sensaciones y emociones que en este momento se producen.

De 4 a 8 meses En esta etapa el interés del bebé se amplia del cuerpo a los objetos. Puede ahora tomar los objetos y accionar sobre ellos (sacudirlo, arrojarlos, golpearlo). Es indispensable tomar un rato para jugar con él acercándole el mundo que lo rodea para que lo explore y conozca las características de los objetos Se le pueden ofrecer diferentes elementos, con colores y sonidos, de fácil manipulación con una mano. Ubicados en el suelo boca abajo acercarle un juguete, o moverlo delante de él para que levantando la cabeza lo mire e intente tomarlo. Boca arriba usaremos móviles o elementos colgados de una soga por ejemplo. Utilizaremos la posición semisentada o sentada. Podemos armar con botellas plásticas de 1/2 litro sonajeros, poniendo en su interior (llenando la mitad de la botella) objetos con agua como recortes de goma E.V.A, brillantina o elementos sólidos como arroz, y sellar la tapa. Estas botellas ofrecen variedad de estímulos relacionados con el sonido, el color y el movimiento. Otras propuestas giran en torno al reconocimiento de sí mismo como jugar frente al espejo, hablarle, sonreirle, llamarlo por su nombre, tocar y señalar las partes de su cara y la de la mamá.

De 8 a 12 meses El bebé comienza a movilizarse por sus propios medios (gateo, marcha), le atraen y estimulan los objetos que se mueven como pelotas, trompos, autos y arrastres. A medida que puede ir y venir a su voluntad, irá elaborando la presencia y ausencia de los objetos y personas que por momentos ve y por momentos no. Comenzará a acercarse y alejarse de la figura materna contando con la seguridad tranquilizadora de una presencia interiorizada. Algunos juegos de ocultamiento colaboran en este proceso. Taparemos con una sábana una parte del cuerpo o un objeto preguntándole al bebé dónde está y al destaparlo y encontrarlo anunciaremos con alegría “acá está”. También podremos esconder objetos en la mano

Referencias Bibliográficas
*1 “Retratos de la adolescencia”. Investigación sobre los hábitos de los adolescentes preuniversitarios. Instituto Superior de Ciencias de la Salud. 2004.
*2 “Retratos de la adolescencia”. Investigación sobre los hábitos de los adolescentes preuniversitarios. Instituto Superior de Ciencias de la Salud. 2004.
*3 Encuesta de desarrollo social 2 sobre “Condiciones de vida en dos grupos de riesgo”. Doc. 1 “Madres adolescentes”. Siempro. 2001.
*4 Bowly, John. Una base segura. Aplicaciones clínicas de una teoría del apego. Paidós.1989.
*5 de Quiroga, Ana P. Matrices de aprendizaje. Ediciones Cinco.1996.
*6 Martínez, Jorge. El increíble universo del recién nacido. 1993.
*7 Winnicott, Donald. Conozca a su niño. Paidós. 1987.
*8 Griffa, María Cristina-Moreno, José Eduardo. Claves para la comprensión de la psicología de las edades. Tomo II. Ediciones Braga S.A. 1993.
*9 Zanotti de Savanti. Vivir en tiempos de crisis. Revista Valores en la sociedad industrial, N╝ 53. Universidad Católica Argentina. 2002.

Bibliografía de lectura sugerida
Aguirre, A. Mamás de la nueva era. Planeta.1994.
De Quiroga, Ana. Matrices de Aprendizaje. Ediciones cinco. 1993.
Dolto,F.La causa de los adolescentes. Seix Barral.1990.
Brites de Vila, G. Y Mčller,M. Juegos para dar a luz y acunar. Ed. Bonum.1990.
Brites de Vila, G. Y Mčller, M. Manual de estimulación temprana. Ed. Bonum. 1991.
Leboyer,F. Shantala. Hachette. 1978.
Lira, Isabel. Manuales de estimulación, 1 y 2. Nuevo Extremo.1990.
Spitz, R. El primer año de vida del niño. Fondo de cultura económica.1987.
Winnicott, D. Conozca a su niño. Paidós. 1987.
Winnicott, D. Los bebés y sus madres. Paidós. 1987.
Zukunft-Huber, B. Gimnasia para bebés. Paidotribo. 1993.

Guía de recursos para la orientación y asistencia de la mujer embarazada
Hogar Amparo maternal “Sarah Fernández de Cilley.
Ernesto Bavio 2816. Te. 4784-6623
Hogar para madres adolescentes.
Hogar María Eva Duarte. La Pampa 750. Te. 4785-9381 Hogar para adolescentes embarazadas y-o con hijo menor de un año al ingreso.
Asociación argentina de protección familiar. Agčero 1355. Te. 4862-1216 Talleres y cursos de formación. Espacios de reflexión para adolescentes.
Consejo nacional de niñez, adolescencia y familia (CONAF). Dirección de programas preventivos. Prevención del abandono Tte. Gral. Perón 700. Te. 4326-0414-0897-3023
Hospital de Clínicas Gral. José de San Martín Departamento adolescencia y sexualidad. 0800-555-3333
Hospital Pirovano. Servico de Obstetricia.
Hospital Materno-Infantil Ramón Sardá Esteban de Luca 2151. Te. 4943-3567.
Instituto Superior de Ciencias de la Salud. Departamento de Estimulación temprana y Departamento de Asistencia Materno-Infantil Gavilán 75. Te. 4631-5864.

Lic. Verónica Svoboda
Profesora de Educación Preescolar. Licenciada en Psicopedagogía.
Se desempeña en instituciones educativas en el Departamento de Orientación. Docente y coordinadora de la carrera de Asistente Materno-Infantil.
Se ha especializado en temas relacionados con el desarrollo temprano y la familia.